lunes, 9 de junio de 2014

Aprendiendo

Si hablamos de aprendizaje o de aprender, no nos cuesta relacionarlo con escuelas, universidades, cursos. No nos cuesta relacionarlo con leer, estudiar, adquirir nuevos conocimientos. 

Incluso nos resultará más o menos fácil relacionarlo con aprender, por imitación o modelado, ciertos comportamientos que vemos en otras personas, más frecuentemente en edades tempranas de la infancia, aunque seguimos modelando toda nuestra vida. 

Quizás nos cueste un poco más relacionar el aprendizaje con un cambio. Es decir, con dejar de hacer, pensar o responder emocionalmente de una manera concreta y empezar a hacerlo de otra distinta y nueva. Tomar conciencia de aquello que hago hoy y que no me ayuda a conseguir un objetivo concreto para mi, elegir cambiar y empezar a generar un nuevo hábito, patrón de respuesta, ....

Aunque nos cueste verlo, también supone un importante aprendizaje, supone adquirir, retener, modificar, conjeturar. Y este es el aprendizaje que, una vez llegadas a la edad adulta, las personas ejercitamos más o quizás es el que nos sentaría mejor ejercitar con frecuencia. 

En un estado consciente y conocido de nuestro ser, revisar dónde estamos y a dónde queremos llegar, resulta casi una rutina obligatoria. No se trata de generar un cambio radical en nuestra personalidad, sino aprender a usar nuestras habilidades y recursos de una manera más consciente, más eficaz, más nuestra. 

Estos procesos son los que facilitan las técnicas del coaching o de la psicoterapia breve por ejemplo. Cambios deseados, buscados y sin embargo no alcanzados. Las herramientas del coaching nos permiten afrontar ese aprendizaje desde el compromiso con uno/una mismo/a y desde la acción. 

Este aprendizaje, al ser tan personal, genera nuevos hábitos y en un futuro, cuando nos encontremos en una situación similar, ante un cambio deseado y no alcanzado, podremos aplicar lo aprendido y generar estos cambios de manera independiente, de manera consciente. 

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