jueves, 9 de abril de 2015

Ejercitando la aceptación y el aprendizaje a través de nuestra vulnerabilidad

Estar vivo, estar viva, implica necesariamente ser vulnerable, entre otras cosas. 

Animales, plantas, personas, somos susceptibles de sufrir algún tipo de daño y de morir solo si vivimos ¿te parece una obviedad? Seguramente lo sea, al menos en el plano racional, mental, filosófico, médico, etc. 

¿Y en el plano emocional? ¿Siempre actuamos de acuerdo a esta premisa? 

Cuando decides dejar de hacer algo que crees resultará complejo, cuando postergas, cuando antepones nimiedades a algo realmente prioritario y positivo para ti ¿estas aceptando tu vulnerabilidad? 

Cuando prestas más atención a los errores de las personas de tu entorno y criticas sus actos, sus fallos, sus desaciertos ¿estas aceptándote como un ser vivo necesariamente vulnerable? 

Cuando intentas esconder tus errores tapándolos con excusas, con humo o guardándolos en un cajón, a ver si se olvidan de ellos ¿estas en comunión con el hecho inevitable de ser vulnerable? 

Pues la respuesta en los tres casos, es no. Sin embargo nos encontramos en este tipo de situaciones a lo largo de nuestra vida con relativa frecuencia, lo que quiere decir que en el fondo no nos aceptamos como seres vivos que son, entre otras cosas y antes que casi todo, vulnerables. 

Nacemos, vivimos y morimos vulnerables y resulta que aquellas personas que no solo lo aceptan racionalmente o filosóficamente sino que actúan y sienten conforme a esta premisa, son más felices, viven más equilibradamente y además tienen relaciones sociales más ricas y fructíferas ¿Es que acaso el resto de personas no quieren lo mismo? 

Estoy segura que si, aunque también estoy bastante segura de que no sabrán cómo. 

Quizás has escuchado frases a lo largo de tu vida como "si ven que fallas, te atacarán", "cuando conozcan tus puntos débiles irán a por ti", "no puedes equivocarte", "no puedes fallar", "tu puedes hacerlo, no necesitas ayuda de nadie", "¿es que no te bastas sola/solo?"  "¿no te ves capaz?".... etc., etc.

Cuando estos mensajes nos acompañan desde la infancia, ¿qué otra cosa podemos hacer? Creer que la vulnerabilidad es algo "malo", pernicioso y algo que esconder y así vamos actuando de una manera incoherente y dañina que nos hace menos humanos/as, más desconectados/as, menos vivos/as. 

Reconciliarte con quien eres realmente, con tu vulnerabilidad, pasa por la aceptación de ella como parte de tu ser y del de todas las demás personas, animales, plantas, seres vivos. Pasa por aceptar que a veces no sabes o no puedes hacer las cosas tu solo, tu sola. Pasa por hablar con más libertad y menos miedo sobre tus preocupaciones, errores, retos o equivocaciones. Pasa por reconciliarte con ciertos monstruos. Pasa por verte con buenos ojos y quererte un poco más. 


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