viernes, 9 de diciembre de 2016

Exprimirle todo el amor a la vida

El abuelo invitó una taza de chocolate a su nieta y mirándola a los ojos le dijo: "hija, algún día me iré y no estaré contigo, algún día nos iremos todos, necesitamos hacerlo así. Quiero que siempre que necesites preguntarme o contarme algo lo hagas. No esperes el mejor momento pues éste nunca llega, solo llama a mi puerta, entra y cuéntame". 

Así es en realidad la vida, no debemos pedir tantas citas, ni permisos, ni momentos idóneos para querernos, para expresarnos el cariño o para resolver algún mal entendido que está dañando la relación. Lo único que hace falta es querer. 



Y solo se puede querer desde ese lugar llamado autenticidad, honestidad del ser o el yo auténtico, nunca desde el ego. El ego nunca quiere, el ego necesita que le vengan a buscar, a dar la razón, a pedir perdón o a pedir una bendición. 



No pidas permiso, no pidas perdón, actúa de corazón sin pretender dañar a nadie y estará todo claro, al menos para ti. No quieras tener más que nadie, recibir más que nadie, ser más que nadie y tampoco menos. 



Poner límites y entregar amor son partes del mismo continuo: me amo y por ese mismo motivo soy capaz de amar, considerándote un igual, no superior ni  inferior. 



Todas las personas y los seres vivos tenemos una fecha de caducidad y no sabemos cuál es. Y está bien así, está bien no saberlo, siempre que actuemos en consecuencia...



Expresa tu amor en un pequeño gesto, sea cual sea, lo importante es que sea tuyo, que sea tu amor, tu generosidad real. Cuidar los vínculos a veces no es tan fácil ni tan directo, date permiso a confiar en tu intuición. 

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