martes, 24 de enero de 2017

Escuchar sentires: sutilezas del corazón

"Significados únicos y subjetivos,
símbolo a símbolo, 
señales de agua, de aire y de luz. 

Una sonrisa luz, 
o un ojo agua.

Un abrazo aire, 
una palabra tierra. 

Los significados únicos, personales, 
así están bien. 
Así están..."

Últimamente sale a colación, con cada vez mayor frecuencia y sentido la frase que Francisco Yuste nos repetía continuamente a lo largo del máster: "las palabras, son cárceles de conceptos"

Cuantas discusiones y debates en pos del sentido y significado de una palabra, alrededor de un matiz que quizás ni siquiera suponga una diferencia semántica. Queremos entender y que nos entiendan. Pero no que entiendan las palabras que digo, los matices que esconden o el sentido último de lo que quiero decir, queremos y necesitamos que nos entiendan desde el corazón: que entiendan mi sentir, mi razón sin-razón, mi duda, mi miedo, mi frío interior, mi soledad, mis ausencias y carencias... 

Necesitamos comprensión emocional. La racional puede venir muy bien si eres catedrática, catedrático, en ese caso puedo creer que la palabra sea más importante, aunque incluso en ese caso, llegará el espacio y el lugar en el que necesites compresión desde el sentir. 

No importan los matices, no importa que lo expresado tenga sentido o sea coherente con mi ideario, lo único que importa es saber que el ego debe callarse para que tu corazón pueda hablar, expresando comprensión, empatía, respeto o lo que se te demanda. Importa abrazar la petición, desde el respeto más absoluto y soltando lo que no es necesario, abrir esa escucha sutil y delicada que no siempre está disponible. 

¡Cuánto bien haría a nuestra civilización si dedicásemos tantos esfuerzos en cultivar esta capacidad de escucha y empatía como en aprender cálculo y geometría! ¡Cuánto bien nos haría dedicar horas y horas en las escuelas para aprender a escucharnos! Y ya de paso a hablarnos, a utilizar palabras, tonos y sentires que hagan juego con las emociones y estados afectivos que fluyen en el ambiente. Cuánto ahorraríamos en soledades-shopping, en carencias-chocolate, o en incomprensión-chin-chin. 


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