martes, 28 de febrero de 2017

Escuchar la llamada

"Curiosidad, valentía, 
el simple impulso de seguir adelante;
qué más da el motivo.

Abrir o cerrar. 
Estar o ser. 
Hacer desde el ser o para dejar de ser...
a veces es tan fácil, 
a veces está todo tan claro. 

Otras veces no, 
y sin embargo lo haces." 

Hoy me apetece hablar o escribir más bien desde lo sentido. Sobre las llamadas que recibimos desde nuestro interior. Esos momentos en los que sabes que moverte, que hacer algo de manera diferente a la habitual, se ha vuelto no solo una necesidad o un deseo, sino un respirar, latir o fluir en sí mismo.

¿De dónde parte esa llamada? Aparece en varios formatos: 

  • Sensaciones físicas que te hablan de una determinada postura (corporal y actitudinal), con unas cargas musculares, con una falta de descanso, con unas digestiones complicadas, por ejemplo.  
  • Sentires asociados a emociones o sentimientos como angustia quizas, enfado contenido más tristeza por una "pérdida" de algo que añoras, algo que te falta (seguridad, libertad, serenidad, satisfacción,...). 
  • Pensamiento en forma de reproches, de idealizaciones, de sueños en vigilia, de dogmas, de instrucciones, de recuerdos, de proyecciones....de preguntas, pensamientos que te llevan de manera recurrente a esa misma puerta siempre. 
Tú sabes dónde tienes guardada la llave. La hayas usado antes o no, sabes que existe, que puedes usarla si quieres. Solo tienes que tirar del cordel y sacarla del cajón. Sacarás la llave junto con tus miedos, junto con tu pereza, junto con excusas para que la vuelvas a guardar, tú decides si hay o no vuelta atrás. Tú decides si la mirada al horizonte y esas sensaciones de necesidad de cambio y movimiento son tu mensaje en la botella o si quieres seguir durmiendo un rato más en el sofá del conformismo. 

El viaje no es fácil, hay momentos de mucha incertidumbre e incluso dolor, sanador eso si, aunque dolor al fin y al cabo. En estos tiempos en los que nos intentan convencer por todos lados de la absoluta necesidad de anestesiarnos ante el dolor de manera continuada, hay que echarle una dosis de valentía y vitalidad al viaje. Hay que saber que la cara oculta de la luna es la tuya propia, esa que llevas ocultándote décadas y que el viaje supone mirarla de frente para aprender a quererla, a aceptarla, a descubrirla con curiosidad y amabilidad y después decidir en qué quieres cambiarla. 

Me parece una paradoja maravillosa: decidir embarcarte es fácil y  a la vez dificilísimo hacerlo. O al revés...en función de tu ser, más en la acción o más en la razón, una parte del círculo te ha de llevar a la otra, siempre que estés dispuesto/a a escuchar la llamada desde tu interior. Abre las orejas, la mente y el corazón y escúchate...¿qué te dices? 


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